jueves, 10 de noviembre de 2016

bordando, nuevo soporte

Bordar tiene algo mágico, algo que te sosiega, que te sumerge en el momento presente, por eso me gusta. Por eso y porque me ilusiona ver una idea tomar cuerpo poco a poco, ver como cambia una prenda con el simple agregado de unos trazos por aquí, un detalle por allá. Porque aunque hay quienes bordan hermosos y complejos dibujos, yo me conformo, por ahora, con pequeños detalles que le dan un toque especial a las cosas.

La primera vez que me acerqué al bordado fue en mi niñez. No recuerdo qué edad tenía cuando mi madre me regaló un bastidor, agujas, hilos de colores y unas telitas blancas que tenían dibujados motivos florales. Me encantó ese regalo, lo disfruté mucho, pero luego el bordado quedó olvidado como tantas otras actividades manuales que dejé de lado en mis épocas de estudiante. 

Un día, navegando en internet me encontré con el blog Made by Joel. Mostraba unos bordados muy simples y muy bonitos que hizo en unas remeras y pensé que podría intentar hacer algunos. Así fue que abandoné la etapa de pintura con la que había decorado algunos buzos de Antonio y me pasé al bordado. Bordé algunas remeras y de nuevo dejé estacionado el bordado por un tiempo.

Este año volví a la carga, fui a un taller guiado por María, de Cosas de Juana y aprendí algunos puntos nuevos.





Esto me sirvió luego para animarme y darle un toque especial a este vestido.





Ahora decidí cruzar bordado y encuadernación. Me gusta mucho experimentar, así que me puse a bordar cartón para hacer unas tapas.








 Pero el resultado me gustó mucho.





 Si te gusta alguno de ellos están disponibles en mi taller para que los vengas a buscar :)

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