miércoles, 23 de noviembre de 2016

araucaria

Cuando estábamos buscando nuevo hogar y conocimos el apartamento dónde vivimos hoy, una de las cosas que me enamoró de él fue esta vista que tenía desde la cocina. Estaba encantada. Yo pensaba que al mudarme de Parque Batlle a Ciudad Vieja iba a extrañar mucho los árboles y los pájaros. Este verdor en medio de la manzana, justo al alcance de mis ojos y con el río de fondo era mucho mejor de lo que me podría haber imaginado. 





Aquí está entera la araucaria, ese enorme árbol que desafió tantos temporales, se hizo parte de nuestra vida cotidiana, con sus cotorras y palomas y demás habitantes y visitantes.





Tras ella se escondía el sol los días más largos del año.





Nuestra compañera de atardeceres.





Nunca se me ocurrió que un día podría no estar, es más, creo que asumí que ese viejo gigante iba a seguir ahí cuando nosotros ya no estuviéramos. 





El sábado pasado nos despertó el ruido de unas motosierras, no se nos ocurría de dónde podrían ser, hasta bromeamos con la posibilidad de que estuvieran podando las palmeras.

No nos levantamos enseguida, así que como a las ocho y media, cuando fui a la cocina me encontré con esto.





La punta ya había sido derribada. Más tarde cuando me encontré con mi vecina, que estaba tan atónita como yo, me contó que vio cuando cayó.

Les llevó toda la mañana y más, no solo fueron cortando rama a rama la araucaria sino que también arrasaron con buena parte del follaje de los otros árboles.





Nos dio mucha tristeza ver este espectáculo. Nos imaginamos a la araucaria chiquita siendo plantada en el patio de la escuela con su misma fundación o muy próxima a ella. Ya que por su tamaño debía de tener muchísimos años. En realidad no lo sabemos, pero es fácil imaginarlo.





Tampoco sabemos qué llevó a tomar esta decisión, pero en todo caso nos pareció un poco, demasiado drástica.

En este momento estaban con las motosierras en la base del tronco mientras un grupo de operarios tira de la cuerda para guiar la caída. Si se fijan con cuidado, en la punta del tronco hay una paloma…










Que salió volando en el último momento…




Estando el viejo gigante ya en el suelo, se dispusieron a trozarlo y lo chipearon.





Esto es lo que vi desde mi ventana al día siguiente. Aún no han podido deshacerse de la base del tronco y las raíces. Ayer pasaron todo el día trabajando en eso y hoy continúan. 





La transformación de la vista no es lo más importante de esta decisión, aunque a mí personalmente me entristece. Lo que lamento profundamente es que se derribó un árbol que tarda muchos años en crecer así y que era hogar de muchos pájaros. No sé por qué lo cortaron, pero seguramente habría alguna solución intermedia como esta para la caída de ramas o frutos.  En este momento en el mundo hay un déficit de árboles, no está bueno andar matándolos a la ligera y mucho menos dando ese ejemplo a los niños.

La araucaria es un árbol siempre verde, nativo del Hemisferio Sur, recuerdo haberlo visto mucho en Brasil, en el estado de Paraná y por supuesto en Chile y Argentina, sobre todo en el sur. A raíz de este evento me puse a buscar un poco de información sobre estos árboles y me sorprendió enterarme de que son fósiles vivientes de la edad Mesozoica, convivieron con los dinosaurios.


Algunos de sus ejemplares pueden vivir 1000 años o más. Son árboles de tronco recto y muy simétricos, todas sus ramas salen del tronco en forma casi horizontal. Pueden llegar a medir más de 65 metros de altura y hay varias especies dentro del género. Su maduración y fructificación la alcanzan aproximadamente a los 25 años y los ciclos reproductivos son de 2 años, es decir, los frutos están maduros cada 2 años y las semillas son viables solo entre 90 y 120 días. La mayor producción de frutos se produce a partir de los 40 años. Como es una especie dioica, necesita la presencia de árboles femeninos y masculinos para fructificar, así que el solitario de la escuela no creo que tuviera frutos.  

2 comentarios: