miércoles, 30 de noviembre de 2016

cambio plástico por tela…

Hace ya mucho tiempo que trato de no aceptar bolsas descartables cuando voy de compras. Ni en las compras de almacén ni cuando voy a comprar ropa o alguna otra cosa por el estilo. 

Me pasaba que no quería tirar las bolsas, pensaba que no estaba bueno tirarlas, que ya me iban a servir para algo. Cuando quería acordar tenía un montón de bolsas que no sabía en qué usar, ni dónde guardar y por supuesto, no quería tirarlas, ya sabemos que tardan miles de años en descomponerse. 

Así que la solución fue no aceptar más bolsitas. Al principio me daba un poco de vergüenza porque en algunos lugares me miraban raro, o incluso me daban la bolsa igual y se las tenía que devolver. Ahora ya no, en algunos lugares incluso, se quedan pensando y se manifiestan de acuerdo con disminuir el uso de bolsas, es que el tema cada vez está más sobre el tapete. 

Normalmente llevo conmigo una bolsa de tela, en general plegable, de esas que no ocupan mucho lugar, la puedo llevar en un bolsillo o en la cartera. Eso ha hecho que ya no acumule más bolsitas. No te voy a decir que alguna vez no me olvide, pero en general, la voy llevando bien. 

Tengo algunas bolsas de tela que he ido comprando y otras las he hecho yo misma, pero nunca está demás una linda bolsa, como cada vez las utilizo para más cosas, siempre ando necesitando alguna.

Estoy suscripta al boletín de noticias de Purl Soho, una página que tiene ideas lindísimas además de vender telas naturales, lanas, hilos y muchas otras cosas que tienen que ver con tejido, costura y bordado. En uno de sus boletines me llegó este tutorial y me encantó la idea para hacerme mi próxima bolsa. Lo tuve en suspenso un tiempo hasta que encontré unas telas con lunares que me encantaron (me pueden los lunares).





Y ya que estaba, decidí hacer el paso a paso en español porque el original está en inglés. Espero que te guste y hasta quien te dice que en una de esas te hagas tus propias bolsas de compras.

Vas a necesitar:

  • dos rectángulos de tela de 85cm x 50cm aproximadamente, pueden ser de la misma tela o, como hice yo, combinar dos motivos diferentes.
  • una cinta de algodón de unos 80 cm, en mi caso la hice a partir de la tela que estaba usando.
  • hilo, tijeras, alfileres, máquina de coser y si tenés plancha, te va a facilitar mucho algunos pasos. 





Luego de recortar los rectángulos de 85 x 50 cm, los doblamos por la mitad en forma longitudinal. Marcamos dos puntos, uno a 15 cm del extremo libre de la tela, en el lado menor (sería el punto a) y otro, también en el lado libre de la tela del lado mayor a 43 cm del vértice que utilizamos como primera referencia (el punto b de la foto). 




Trazamos una línea entre estos dos puntos los sujetamos con alfileres y recortamos.




Extendemos la tela y enfrentamos los rectángulos derecho con derecho. Vamos a coser los lados largos desde el punto en que termina la diagonal hasta el final (la diagonal queda libre). En esta costura dejamos unos dos centímetros de margen. 




Luego, abrimos la costura y planchamos, doblamos hacia adentro cada lado para esconder la parte libre de la tela y planchamos nuevamente.




Cuando llegamos a la diagonal, hacemos los dos dobleces en el borde que continúen los de la costura y planchamos.




Cosemos por dónde habíamos marcado con la plancha, de modo que el borde de la tela, el que se deshilacha, va a quedar dentro de la costura. Hacemos esto de los dos lados del bolso. 




Cuando lo tenemos listo, damos vuelta el bolso, con el lado del derecho para afuera, doblamos de modo que las dos costuras que hicimos queden una sobre la otra, y cosemos el fondo de nuestro bolso por el lado del derecho, dejando un margen de costura de un centímetro. 




Damos vuelta el bolso, dejando el derecho hacia adentro y volvemos a coser el fondo, esta vez dejando un margen de costura de 2 cm aproximadamente. La idea es que esta segunda costura esconda el borde de la tela. Este tipo de costura se llama costura francesa y además de quedar muy prolija, es muy resistente, así podemos llevar cosas pesadas en nuestro bolso sin tener miedo a que se desfonde.  





Ya cosimos los lados y el fondo, ahora falta cerrar el asa. Como con el fondo, primero cosemos del lado del derecho.






Cuando vayamos a hacer la costura por el lado del revés será el momento de introducir la cinta que nos servirá para mantener nuestra bolsa plegada. Simplemente la doblamos a la mitad y la sujetamos bien contra la primera costura.








La cinta quedará del lado de adentro cuando cosemos.





Al dar vuelta el bolso la cinta quedará fijada de esta manera. 




Para que quede mejor, abrimos la costura y pasamos otra costura sobre el lado del derecho.




Quedaría así.





Ya quedó lista para salir de compras.





Tiene buena capacidad, pero cuando está vacía y plegada, ocupa muy poco lugar.





Para plegarla se dobla a la mitad, luego hacemos otro doblez longitudinal y la enrollamos desde el fondo hasta el asa para poder atarla.








Listo! Espero que te haya gustado. Si tenés alguna duda, me podés escribir y con gusto te ayudo.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

araucaria

Cuando estábamos buscando nuevo hogar y conocimos el apartamento dónde vivimos hoy, una de las cosas que me enamoró de él fue esta vista que tenía desde la cocina. Estaba encantada. Yo pensaba que al mudarme de Parque Batlle a Ciudad Vieja iba a extrañar mucho los árboles y los pájaros. Este verdor en medio de la manzana, justo al alcance de mis ojos y con el río de fondo era mucho mejor de lo que me podría haber imaginado. 





Aquí está entera la araucaria, ese enorme árbol que desafió tantos temporales, se hizo parte de nuestra vida cotidiana, con sus cotorras y palomas y demás habitantes y visitantes.





Tras ella se escondía el sol los días más largos del año.





Nuestra compañera de atardeceres.





Nunca se me ocurrió que un día podría no estar, es más, creo que asumí que ese viejo gigante iba a seguir ahí cuando nosotros ya no estuviéramos. 





El sábado pasado nos despertó el ruido de unas motosierras, no se nos ocurría de dónde podrían ser, hasta bromeamos con la posibilidad de que estuvieran podando las palmeras.

No nos levantamos enseguida, así que como a las ocho y media, cuando fui a la cocina me encontré con esto.





La punta ya había sido derribada. Más tarde cuando me encontré con mi vecina, que estaba tan atónita como yo, me contó que vio cuando cayó.

Les llevó toda la mañana y más, no solo fueron cortando rama a rama la araucaria sino que también arrasaron con buena parte del follaje de los otros árboles.





Nos dio mucha tristeza ver este espectáculo. Nos imaginamos a la araucaria chiquita siendo plantada en el patio de la escuela con su misma fundación o muy próxima a ella. Ya que por su tamaño debía de tener muchísimos años. En realidad no lo sabemos, pero es fácil imaginarlo.





Tampoco sabemos qué llevó a tomar esta decisión, pero en todo caso nos pareció un poco, demasiado drástica.

En este momento estaban con las motosierras en la base del tronco mientras un grupo de operarios tira de la cuerda para guiar la caída. Si se fijan con cuidado, en la punta del tronco hay una paloma…










Que salió volando en el último momento…




Estando el viejo gigante ya en el suelo, se dispusieron a trozarlo y lo chipearon.





Esto es lo que vi desde mi ventana al día siguiente. Aún no han podido deshacerse de la base del tronco y las raíces. Ayer pasaron todo el día trabajando en eso y hoy continúan. 





La transformación de la vista no es lo más importante de esta decisión, aunque a mí personalmente me entristece. Lo que lamento profundamente es que se derribó un árbol que tarda muchos años en crecer así y que era hogar de muchos pájaros. No sé por qué lo cortaron, pero seguramente habría alguna solución intermedia como esta para la caída de ramas o frutos.  En este momento en el mundo hay un déficit de árboles, no está bueno andar matándolos a la ligera y mucho menos dando ese ejemplo a los niños.

La araucaria es un árbol siempre verde, nativo del Hemisferio Sur, recuerdo haberlo visto mucho en Brasil, en el estado de Paraná y por supuesto en Chile y Argentina, sobre todo en el sur. A raíz de este evento me puse a buscar un poco de información sobre estos árboles y me sorprendió enterarme de que son fósiles vivientes de la edad Mesozoica, convivieron con los dinosaurios.


Algunos de sus ejemplares pueden vivir 1000 años o más. Son árboles de tronco recto y muy simétricos, todas sus ramas salen del tronco en forma casi horizontal. Pueden llegar a medir más de 65 metros de altura y hay varias especies dentro del género. Su maduración y fructificación la alcanzan aproximadamente a los 25 años y los ciclos reproductivos son de 2 años, es decir, los frutos están maduros cada 2 años y las semillas son viables solo entre 90 y 120 días. La mayor producción de frutos se produce a partir de los 40 años. Como es una especie dioica, necesita la presencia de árboles femeninos y masculinos para fructificar, así que el solitario de la escuela no creo que tuviera frutos.  

miércoles, 16 de noviembre de 2016

guaviyú

Estando sentada en un banco de la plaza Zabala el verano pasado, mi atención se vio atraída por estos pequeños frutos. Eran los frutos de un árbol bajo el cual estábamos sentados. Me traje algunos a casa y me puse a investigar de qué se trataba.

Tenía la impresión de que era un árbol nativo y finalmente di con su nombre, guaviyú, que significa fruto con vello, en guaraní. 






Es una fruta pequeña con la pulpa anaranjada y dulce. Sí, la probé, pero me pareció difícil de comer, ya que la semilla es muy grande y la pulpa es poquita.

Después de comerlas, como hago con casi todas las cosas que tienen semilla, tiré las semillas en algunas macetas y me olvidé.

Esta primavera noté que en algunas macetas que tengo en la azotea habían nacido lo que para mí eran unos arbolitos, pero no tenía idea de qué serían ni me acordaba de haber plantado nada.




Se los mostré a Verónica, mi vecina y me dijo pensativa que se parecían a unos que hay en la huerta del CCE, “guaviyú creo que son”. Inmediatamente recordé mi hallazgo veraniego y confirmé que tengo tres arbolitos de guaviyú, si no es que no hay alguno más perdido por ahí. 





Me quedé muy contenta, como cada vez que nace algo en mi huerta y mucho más si es inesperado.

Si quieren saber más sobre este árbol y dónde encontrarlo en Montevideo pueden mirar acá. La información está muy completa y hasta tiene una receta de mermelada para hacer con las frutas. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

bordando, nuevo soporte

Bordar tiene algo mágico, algo que te sosiega, que te sumerge en el momento presente, por eso me gusta. Por eso y porque me ilusiona ver una idea tomar cuerpo poco a poco, ver como cambia una prenda con el simple agregado de unos trazos por aquí, un detalle por allá. Porque aunque hay quienes bordan hermosos y complejos dibujos, yo me conformo, por ahora, con pequeños detalles que le dan un toque especial a las cosas.

La primera vez que me acerqué al bordado fue en mi niñez. No recuerdo qué edad tenía cuando mi madre me regaló un bastidor, agujas, hilos de colores y unas telitas blancas que tenían dibujados motivos florales. Me encantó ese regalo, lo disfruté mucho, pero luego el bordado quedó olvidado como tantas otras actividades manuales que dejé de lado en mis épocas de estudiante. 

Un día, navegando en internet me encontré con el blog Made by Joel. Mostraba unos bordados muy simples y muy bonitos que hizo en unas remeras y pensé que podría intentar hacer algunos. Así fue que abandoné la etapa de pintura con la que había decorado algunos buzos de Antonio y me pasé al bordado. Bordé algunas remeras y de nuevo dejé estacionado el bordado por un tiempo.

Este año volví a la carga, fui a un taller guiado por María, de Cosas de Juana y aprendí algunos puntos nuevos.





Esto me sirvió luego para animarme y darle un toque especial a este vestido.





Ahora decidí cruzar bordado y encuadernación. Me gusta mucho experimentar, así que me puse a bordar cartón para hacer unas tapas.








 Pero el resultado me gustó mucho.





 Si te gusta alguno de ellos están disponibles en mi taller para que los vengas a buscar :)

jueves, 3 de noviembre de 2016

bancos pintados

Una hermosa tarde de octubre, paseando por Las Condes, una comuna de la ciudad de Santiago de Chile, me encontré con algo que ya hace tiempo no veía y que me gusta mucho, bancos intervenidos artísticamente por medio de pinturas.

Me encanta que el arte salte de las paredes de los museos para entreverarse en nuestro diario vivir, me parece la mejor manera de disfrutarlo y de que enriquezca nuestras vidas.

Los bancos intervenidos en Santiago, me trajeron recuerdos de una convocatoria que hubo acá en Montevideo hace unos años y que me había encantado. Se llamaba “Yo te banco” y se trataba de intervenir los bancos públicos ubicados en Zona Diseño. Si querés ver o recordar algunas de esas intervenciones podés pasar por acá, acá y acá.

Hoy te muestro algunos de los bancos que me encontré caminando por las amplias veredas de la Avenida Isidora Goyenechea. Ahora que recuerdo, en 2009 también traje esa avenida a este espacio para mostrarles los árboles abrigaditos. Siempre haciendo cosas lindas sobre Isidora :)

 

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Adoré este árbol y sus pajaritos que están recitando un poema.

 

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Esta me pareció muy romántica y delicada.

 

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Quisiera irme de paseo en esta nave y charlar un rato con su pequeño tripulante. ¿De dónde habrá venido?

 

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Un poco de paz y naturaleza en medio de tanto cemento…

 

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Espero que te haya guastado este pequeño paseo por Isidora ;)