miércoles, 14 de octubre de 2015

museo violeta parra

La primera vez que puse atención en Violeta Parra fue cuando asistí a una exposición de su obra plástica que se hizo en el Centro Cultural La Moneda. Antes no había reparado en ella a pesar de haber escuchado muchas de sus canciones en la voz de diferentes cantantes. Recuerdo que me sorprendió saber que era la autora de Gracias a la vida (ya sé, soy de terror).

En esa ocasión me impactaron sus arpilleras bordadas y hasta el día de hoy es lo primero que se me viene a la mente al escuchar su nombre, a diferencia de la mayoría de las personas, sobre todo chilenas, que la asocian automáticamente con su música.

La cuestión es que se me despertó la curiosidad por esta artista y al tiempo me topé con un libro sobre su vida escrito por Ángel Parra, su hijo. Este libro también tiene un disco de las canciones de Violeta interpretadas por Ángel. Me encantó. Sus letras son bellas, desgarradoras, juguetonas, de denuncia y mucho más. Cuanto más conozco sobre esta magnífica mujer, más me gusta y más me llega su obra. Una obra que ella siempre quiso que fuera para su pueblo. Por eso mismo me parecía raro que no hubiera en Chile ningún lugar que reuniera la obra de Violeta, más aún teniendo en cuenta su faceta de artista plástica.Una faceta que la llevó a ser la primera artista latinoamericana en exponer en el Museo del Louvre,en París,  allá por el año 1964.

Afortunadamente, este 4 de octubre, coincidiendo con la fecha de su cumpleaños, se inauguró al fin, en Santiago, el Museo Violeta Parra.

Escribió Violeta; “Yo soy un pajarito que puedo subirme en el hombro de cada ser humano, y cantarles y trinarles con las alitas abiertas; cerca, muy cerca de su alma” Será por eso que al llegar al museo nos reciben multitud de pajaritos

 

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Y casas para pajaritos hay en el pequeño jardín interior…

 

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…esperando ser habitadas.

 

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En el museo se combina la música, la poesía y la obra visual de Violeta. La música y la poesía nos rodean, en las ventanas que dan al patio…

 

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En el muro de la entrada que está tapizado con sus letras.

 

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O al final del recorrido cuando nos encontramos con un bosque sonoro. Acercando el oído a un tronco, podés escuchar a Violeta interpretando una canción. Es muy lindo ver a la gente abrazada a los troncos, escuchando con atención

 

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El recorrido es circular, comienza con una rampa ascendente en la que se leen los versos de Defensa de Violeta Parra, escritos por el poeta Nicanor Parra, hermano mayor de Violeta.

 

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En el camino nos encontramos con objetos que le pertenecieron, como esta máquina de cocer (su guitarrón, y su arpa están expuestas en las salas).

 

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Luego pasamos por una sala de proyecciones audiovisuales y llegamos a las salas donde se exponen sus arpilleras y sus pinturas.  Aunque actualmente el acerbo del museo se compone de 48 obras, solo están expuestas permanentemente 23. También en estas salas podemos encontrar documentos, como maquetas de discos, borradores de las canciones, un cuaderno de poesía y algunas fotos.

Se piensa que van a ir apareciendo nuevas obras de Violeta, ya que ella acostumbraba a regalarlas a sus amigos y ahora que hay un lugar dónde preservarlas y mostrarlas, algunas de esas personas se han contactado para donarlas y que vuelvan al pueblo, que es lo que Violeta quería.

Las obras están protegidas por vidrios para su conservación, así que tomarles fotos es bastante difícil, pero les dejo estas para que tengan una idea. Si quieren ver más sobre su obra visual se pueden fijar aquí.

 

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Y como punto final, Run Run, la cafetería. Un espacio muy acogedor que da al jardín y en el que, como no podía ser de otra manera, me tomé un café y probé un rico trozo de torta.

 

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El rinconcito que elegí me pareció muy inspirador.

 

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Si estás en Santiago, te cuento que durante el resto del año la entrada al museo no tiene costo. Si querés más información podés fijarte aquí.

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